Conclusiones

Revista Internacional de la Editorial Ciencia, Cultura y Política

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LA DEUDA EXTERNA, LAS MALVINAS Y LAS BASES MILITARES DE EEUU EN LATINOAMERICA Y EL MUNDO

EDITORIAL

En Argentina, Colombia y Honduras el curso de la crisis del sistema y las variantes que ésta toma, queda plasmado en un mosaico absolutamente claro. El sistema capitalista mundial encabezado por el imperialismo norteamericano, necesita imperiosamente recurrir a sus reservas estratégicas de fuentes externas de aprovisionamiento general, oficialmente no declaradas como tales porque sería dejar establecido cómo funciona centralizadamente el sistema por arriba de las geografías y las nacionalidades, de recursos como son las vacas lecheras atadas permanentemente a una siempre creciente Deuda Externa con el centro mundial del sistema la banca trasnacional, los organismos FMI, BM etcétera.
Si bien esto no es ninguna novedad, sí presenta una condición nueva en la historia porque los países “deudores” en su relación contractual con los acreedores, están llevando una política de independencia nacional e integración regional sólida que antes no debieron enfrentar los imperios, más allá de la lucha por la independencia política de hace II Siglos. Hoy la crisis mundial del sistema lo sitúa en una relación inferior de fuerzas, aún cuando cuenta con el poder militar y tecnológico más grande de la historia, pero en la contra cara de esa realidad bélica está la decisión de los pueblos de no dejarse volver a atrapar en una función de proveedores de fuerza de trabajo barata y materias primas expropiadas por las trasnacionales.
La instalación abierta de bases militares de los EEUU en Colombia, no tiene otra connotación que el “sincerar” una relación de poder preexistente. No es nuevo la instalación de fuerzas militares norteamericanas en todo el mundo bajo mil pretextos o simulaciones, solo que ahora las hacen abierta y publicitan claramente. Es una intimidación a los pueblos y sus gobiernos:”aquí estamos”, dicen en cualquier parte del mundo. Con ello piensan lograr romper, atomizar incluso los intereses y apetitos de sus socios europeos en las conquistas, y dejar sentado, en particular después del 11 de septiembre de 2001 y el auto atentado en las Torres Gemelas en NY, que cuando de accionar se trata cualquier justificativo y costo es usado. Ello incluye naturalmente la guerra en todas sus formas y expresiones.
El tema de la Deuda Externa, su coactivo pago y consecuencias, dejan entonces de ser un problema de carácter estricto o meramente económico para ser estratégicamente política militar de dominación.  No se trata de poder justificar el “no pago” en base a lo inconsistente de los documentos, o papeleo, con que se constituyen las Deudas Externas, sino de la fuerza general para exigir su pago y las relaciones que éstas imponen en las exigencias. No es la Deuda externa de los países del llamado capitalismo periférico, o Tercer Mundo, el problema central del capitalismo o lo que llevó a la crisis más grande en su historia a los EEUU y gran parte del sistema mundial. Ello no es factor desencadenante de la crisis de la década de los 30 del Siglo XX, ni los “viernes negros” o quiebras de los más grandes centros financieros del sistema. Esta deuda externa es un reflejo de la asimetría entre el capitalismo concentrado, imperialista en su última etapa, y la imposibilidad de renacer, vía países en desarrollo con enorme potencial social y de materias primas es decir riqueza concreta, para un capitalismo en decadente etapa final.
La crisis por la posesión de las Islas Malvinas y Georgias del Sur, que se mantienen ocupadas desde hace 177 años por el imperio Británico, en realidad no es sino expresión de una condición política de la crisis mundial. No hay diferencia de estructura, sino solo en la forma, de lo que viven los pueblos de Afganistán, Yemen, Irak, Palestina, Grecia, Portugal, Irlanda, España, Somalía o el asedio a Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina, Nicaragua en América Latina y el Caribe. La discusión de fondo que plantean hoy, no hace 28 años con la dictadura cívico-militar en Argentina que los EEUU y Inglaterra propiciaron, apoyaron y sostuvieron mientras pudieron hacerlo, es acerca del poder de independencia política y económica de la región. Está planteando que la Integración Regional que enfrenta al imperialismo debe tener en cuenta que éste no permanecerá con los brazos cruzados. La respuesta está clara, IV Flota inactiva vuelve a “navegar” y potencializada al nivel más alto y con poder de intervención al corazón de la región, las bases militares se interactúan lo que le permite un control aéreo y alcance geográfico total, la presencia de las empresas trasnacionales de los EEUU, Inglaterra y europeas en las privatizaciones y el capitalismo salvaje implementado en el “Consenso de Washington”  son el ejército económico silencioso que penetrando en la economía, las finanzas y la producción, entre ello de las empresas esenciales de bienes y servicios, son la quinta columna del colonialismo de esta época.
Por esta razón los 32 países de la nueva organización, Organización de Estados Latinoamericanos y el Caribe, surgida en Cancún, México, recientemente dieron su apoyo total a la Argentina en su reclamo por los derechos soberanos en las Islas Malvinas. Una posición que muestra la profundidad de la crisis del sistema, porque esto no solo aleja la centralización económica y sometimiento político que exige el sistema mundial, sino que también deja en claro que los tiempos del sinceramiento ya no albergan políticas sometidas a la trasnacionalidad imperialista porque las mismas burguesías nacionales han sentido, palpado en la práctica, la debilidad histórica del imperialismo e intentan sembrar su desarrollo en forma independiente pero sin dejar de ser socios de clase con el sistema mundial. Una contradicción de clase que los pueblos van, y en algunos países ya están haciendo, despejando el camino del “capitalismo bueno, distributivo” que se niega a sí mismo si así lo hiciese, y avanzan en la vías del Estado Revolucionario, nacional, popular y revolucionario, como garantía del progreso social de todos.
No se trata de “pagar o no las Deudas Externas”, que son todas mal habidas y varias veces pagas, vueltas a resurgir como un ave fénix de cenizas putrefactas, sino de las condiciones políticas y organizativas de la sociedad para enfrentar una durísima lucha en la que el conservadorismo y atraso socio-político nacional juegan un papel central. La deuda externa es producto de la enajenación económica al funcionamiento e intereses del sistema productor centralizado mundial. El mercado es un producto de la necesidad de la organización de la distribución, pero cuando éste se transforma en “la apertura del mercado” al peso de la producción mundial trasnacional y sus costos y competencias, elimina toda posibilidad a la producción nativa. No se puede competir, dicen la burguesías nacionales, con esas empresas que tienen costos internacionales de mano de obra esclava, o cautiva como lo que se produce en el sudeste asiático.
El no pago de la deuda externa fue superado en la práctica de vida por pueblos que alcanzaron un nivel interior de integridad social y política en el 70%. En el cual las relaciones comerciales, aceptando la deuda externa, y su desarrollo interno no estuviera sometidos a los dictados del FMI, BM etcétera, aunque paguen o la cancelen. Pero junto a ello rompieron con el ALCA, los TLC, TIFA y otros acuerdos que siempre terminan beneficiando el sometimiento al imperialismo. La deuda externa va a ser debatida y condenada en el camino de la liberación nacional de los Estados Revolucionarios transitorios a la construcción mundial del socialismo como género humano.
Mientras se discute el origen de las deudas externa, y se posibilita la presión político-económica sobre las economías nacionales en un mundo globalizado en sus relaciones tecnológicas y productivas, el imperialismo impide cualquier avance real en la armonización imprescindible del género humano para resolver los problemas de la economía, ecología y distribución de los bienes y servicios que el ser humano produce.
La dependencia económica produce el sometimiento del desarrollo al que tiene la facultad de decidir, en este caso los EEUU y los países desarrollados. Es otra forma de penetrar, como son las bases militares y la ocupación de países como en Afganistán, Irak, Yemen, Somalía o las Islas Malvinas. La permanente provocación a Irán no es por un problema religioso, sino porque la revolución Iraní, Islámica o no, desenvuelve la lucha antiimperialista en todo el Asia. Es un emblema de desarrollo propio independiente y avanza a la discusión de una nueva sociedad bajo formas armónicas que solo puede arribar, finalmente, a la sociedad socialista. Y ello está por afuera de toda religiosidad, y mucho menos al inquebrantable derecho del Estado Iraní a desenvolver su energía atómica para los fines que el país necesite. La misma condición le compete a la República Popular y Democrática de Corea. El club de los países con armas atómicas que controla el imperialismo, es una muestra de la tremenda asimetría de las relaciones internacionales. El estado sionista de Israel puede exhibir su potencial atómico como infante de los EEUU, mientras Irán no puede desarrollar su energía atómica.
En este proceso el papel de las naciones va intrínsecamente unido a la lucha de los pueblos por su independencia nacional y social. Los partidos revolucionarios, sindicatos, centrales nacionales y regionales, los movimientos sociales forman la estructura de esa nueva sociedad en construcción, primero en el imaginario social y luego en la práctica de la vida. Desde este punto de vista los progresos nacionales deberán medirse en función de la integración regional. Captar a los sectores de la burguesía económica, pero también intelectual y profesional incorporándolos a esta acción de las grandes masas. Para ello es necesaria implementar políticas sin oportunismo, carrerismo o clientelares que obren como bien público. La humanidad ha dado muestras absolutamente contundentes de que no tiene su perspectiva futura en el sistema capitalista. El fracaso de éste en los países del este de Europa, Ucrania, Letonia y la misma Rusia de base soviética, son un impulso a esta siempre necesaria discusión. El papel planificador del estado, bajo control de la población y con gobiernos surgidos de movimientos populares, democráticos y revolucionarios es la base y garantía de ese curso.
En la otra vereda está el sistema agazapado, en crisis pero aún poderoso, que utilizará todas las armas a su alcance para no desaparecer de la historia sin luchar. La Deuda Externa, las Bases Militares como las ocupaciones de territorios, como en Las Malvinas, son una estrategia que no pueden abandonar, tanto como los pueblos del mundo por luchar por una nueva sociedad sin explotados ni excluidos. El socialismo es una necesidad de la vida y la naturaleza.
El director, LC

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