Elecciones y crisis del imperialismo en EE.UU (III)

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¿A dónde se fueron todos? Por sus urbanizaciones con jardines parejos e inmaculados, York, en el corazón de Pennsylviana, parece un gigantesco decorado. Las casas están hechas en serie, lo que da al paisaje un aire de inevitable monotonía. Pero por kilómetros y kilómetros (millas y millas, dirían acá) no se ve a nadie, excepto a los que andan sobre ruedas por las interminables autopistas. Hay banderas, muchas. Florcitas. Pero no vecinos charlando o niños en bici. Todo encaja de manera constante, uniforme. El edén se interrumpe cuando las viviendas ya no han sido erigidas sobre el suelo sino que fueron arrastradas sobre el remolque de un camión. Son los famosos trailer parks, uno de los símbolos más potentes de la pobreza de los Estados Unidos. Como Windsor Acres, que está a sólo minutos de York. En este rincón, que además de pobre es rural y blanco, el candidato republicano Donald Trump tiene uno de sus bastiones electorales.

Vivir en un trailer park acarrea un estigma que sus habitantes conocen, odian y sienten de manera epitelial. Les dicen trailer park trash (basura). En un país donde se cree que ser pobre es el resultado de malas decisiones personales o de idiotez, y no de un conjunto de razones sistémicas, estas comunidades móviles (su nombre políticamente correcto) parecerían juntar la sal de la tierra. Hoy, unos 20 millones de estadounidenses viven en sitios así, barrios que adquieren fácilmente un aspecto abandonado por sus unidades raídas, rodeadas de cachivaches viejos. El estereotipo de su morador es el que está tatuado, ha tenido algún problema con la ley, es alcohólico, drogadicto o le faltan dientes. El registro de la realidad es más complejo. Aquí también se esconde el otro lado del espejo de la nación eficiente: los que cobran sueldos bajos, trabajan todo el día con horarios arbitrarios, corren de empleo en empleo y acaso reciben ayuda pública para poder comer.

El fenómeno detrás de Trump: blancos, pobres y enojados | Fuente: clarin.com

Esta nota “periodística” fue publicada en el diario “Clarín” en Argentina. Diario, el más importante del país, que expresa los intereses más reaccionarios del sistema y ha sido el coorganizador de la caída del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, y en general al gobierno anterior al que durante los últimos 8 años se dedicó a atacar haciendo una profunda guerra mediática y al que no se le puede dar ningún crédito de tener una posición de “izquierda”. En síntesis “Clarín” es la voz, impresa y ampliada a través de sus 286 canales y repetidoras en todo el país, (canales de aire, radios etc.) donde se ha concentrado lo más genuino de la contrarevolución. Una relación en que definió su orientación, de hace 60 años en la que coqueteaba con la burguesía nacional desarrollista como analizó J.Posadas en esa época. Y al morir su fundador, Roberto Noble, desarrolló una política aliada abiertamente a las trasnacionales imperialistas.

Ahora bien, por qué hacemos este brevísimo reporte explicativo de la función de “Clarín”?, porque su objetividad al plantear en el texto una condición de vida de millones de norteamericanos hace aparecer con claridad lo que allí, con esta nota, se confirma absolutamente la posición de la IV Internacional acerca de la “CRISIS POLÍTICO-SOCIAL-ECONÓMICA EN LOS EEUU”.

Nosotros como IV Internacional, hace tiempo que venimos analizando el tema del valor de la fuerza de trabajo en su disputa con el capital y el papel de la inmigración como herramienta de presión y disputa contra la lucha de clases.

Hubo quienes interpretaron como una forma de “xenofobia” política nuestro análisis, cuando justamente era exactamente al revés porque lo que planteamos era abrir la discusión sobre el papel de la mano de obra esclava y su uso por el sistema en este Siglo XX/XXI.

Lo que se plantea en los EEUU, que es la célula madre del sistema mundial capitalista, es la enorme crisis que al interior le plantea esta inmigración no de seres humanos sino de mano de obra esclava, y cómo esta acción que en un momento como fue durante tres siglos en el nacimiento del capitalismo industrial, la esclavitud era una herramienta necesaria a su primera concentración, pero con el devenir de la ciencia productiva y la tecnología de aplicación esa relación se fue invirtiendo en relación al “papel de esa condición social de cientos de millones de seres humanos en todo el planeta”. Y se desenvolvió una nueva condición social acerca de la productividad y la producción en el papel de ser humano.

El esclavo de ayer se concentró en el proletario del Siglo XVIII en delante de la misma manera en que ahora sobrando mano de obra por la robotización y la tecnología informática que junto a la imposibilidad del sistema de generar más mercado con poder de compra, ha llevado a que el sistema busca IMPONER por la vía de una tecnología política de traslado de esa mano de obra allí donde necesita Romper el Ciclo central de la Lucha de Clases.

No es nuevo porque esos son los “crumiros”, o rompe huelgas amarillos, que son usados para intentar quebrar la lucha proletaria utilizando “las necesidades vitales de subsistencia” de esa mano de obra esclava y barata. Ahora bien: cómo resuelve esto el proletariado mundial? De dos formas una defendiendo sus derechos y ampliándolos a ese sector al que se quiere utilizar contra el proletario, con lo que en la práctica le quiebra la política de bajar el valor de la fuerza de trabajo. La otra es defendiéndose de esta maniobra política esencialmente económica, cerrándole el paso a esta mano de obra esclava que pauperizándose a sí misma es utilizada como fuerza amarilla de trabajo.

Ahora ese papel, en este momento incluso ha llegado a países como Vietnam, que por un lado fue capaz de echar al imperialismo, al mismo tiempo que ha incorporado de éste su sistema de trabajo-productividad-producción muy severo en cuanto a la vida del pueblo. Pero es también Birmania, Indonesia, todo el sudeste asiático en el que la mano de obra o el valor de la fuerza del trabajo es reducido por el sistema a las mismas condiciones del origen de la llamada “revolución industrial”.

No podemos extendernos más, pero la conclusión práctica, objetiva, es que el sistema capitalista mundial ante los dos hechos más importante de esta etapa de la historia, y a un año del centenario de la Revolución Rusa y el triunfo de las masas en la instauración del primer estado obrero soviético de la historia que cambió el eje de ella, el sistema está enfrentando desesperadamente su etapa final y el ocaso de su “crecimiento continuo, perpetuo” como aquello del “movimiento físico perpetuo” que analizamos hace como 25 años y que concluía con “el fin de las ideologías y la historia” y el triunfo del sistema capitalista a perpetuidad.

De cara a este fiasco del sistema y ecuación que no podría, ni podrá resolver nunca, porque son parte inherentes a su misma creación y funcionamiento como analizaron Marx-Engels-Lenin-Trotski-Posadas, que es la unidad en la acción de la vida de la humanidad de LA LUCHA DE CLASES Y LA REBELIÓN DE LAS FUERZAS PRODUCTIVAS. Contra ello el capitalismo no puede luchar sin que ello lleve consigo el suicidio histórico como sistema.

En los EEUU la expresión de ello es Donald Trump. No como factor de progreso social, sino como parte de la crisis final del sistema que no ha podido, ni puede resolver este problema creciente cada instante de su crisis final, que es el antagonismo entre la concentración financiera y la ausencia de mercado. De la enorme concentración trasnacional de la “plus valía” (que nosotros allá por los años 1988 ya la considerábamos en esta etapa como “Plus valía Concentrada”, y alguno nos preguntó qué era eso, o como se “comía”, y nosotros decíamos “es la expresión del final del sistema. Y ahora lo vemos concentradamente en las famosas “Burbujas Financieras”, que superaron en la historia de la propiedad privada de los medios de producción y distribución con todos los artilugios previos como fueron desde los pagarés hasta las tarjetas de crédito donde se enajena al mercado en el tiempo, o como en los EEUU donde es capturado por el “crédito” u otras formas donde el comprador (¿?) nunca es dueño de lo que compra y sí permanente servidor esclavo de tarjetas o “leasing”.

Esta reacción que se expresa en un NACIONALISMO DE DERECHA de este candidato Republicano Donald Trump, en realidad hace a parte de la actual condición de la economía en general pero además de la producción industrial norteamericana que ha venido en decadencia en los últimos 40 años. Que se esconde en la venta y cobros de los royalties, que las burguesías nativas deben pagar por el uso de su tecnología, informática, productos químicos, medicinales, etcétera, pero no genera TRABAJO DE MASAS. Ya no hay la película de Carlitos Chaplin “Tiempos Modernos”. Y esa reacción de una parte obrera de los EEUU es la que se opone, no por reaccionaria, Sino por necesidad de vida de supervivencia A DEFENDER SU PUESTO DE TRABAJO Y LA INDUSTRIA DE AQUELLO DEL “MADE IN USA”, que hemos analizado en anteriores textos.

El imperialismo no puede funcionar de otra manera; hace 30 años escribimos que la producción tras nacionalizada era una forma perversa del capitalismo de aplicar el socialismo, pero en beneficio propio del sistema capitalista. En el socialismo se va a planificar globalmente qué, cuándo y dónde producir lo necesario para la vida y su evolución social, científica, cultural superior cada vez más profundamente.

Lo demás es basura de la políticas clientelares, asistencialistas que en realidad terminan siendo una herramienta del sistema capitalista. Y eso lo estamos sintiendo, y pagando duramente con golpes como en Brasil y Argentina, porque esas políticas NO CONSTRUYEN CONCIENCIA SOCIAL REVOUCIONARIA, como analizamos en el Voz Proletaria 1609.

Creemos necesario que nuestras direcciones, los cuadros más maduros se empapen de esta discusión. La asuman como necesidad vital del funcionamiento de la IV Internacional para jugar y ser parte de la revolución interrumpida mundial que se ha reanimado en Rusia; allí esta Erdogan pidiendo “ayuda” a Rusia de base soviética, etc.

LC

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